Por Violeta Izquierdo* @arteneaucm

Introducción

La historia visual de Los Ángeles no puede comprenderse sin la contribución del muralismo chicano desarrollado desde finales de la década de 1960. Entre las obras más significativas de este movimiento destaca L.A. History: A Mexican Perspective (1981), el monumental mural realizado por la artista chicana Barbara Carrasco (1955), una de las figuras más relevantes del arte público contemporáneo en California. Concebida inicialmente para la conmemoración del bicentenario de la ciudad de Los Ángeles, la obra constituye una compleja narración visual que cuestiona las versiones oficiales de la historia urbana y propone una reinterpretación crítica del pasado desde la perspectiva de las comunidades históricamente marginadas.

Barbara Carrasco nació en Los Ángeles en el seno de una familia mexicano-estadounidense. Su formación artística estuvo estrechamente vinculada a los procesos de afirmación cultural desarrollados durante el Movimiento Chicano. Desde sus primeras obras, Carrasco mostró un interés constante por la recuperación de la memoria histórica, la representación de las minorías étnicas y la denuncia de las desigualdades sociales. Su producción artística se sitúa en la intersección entre el arte público, el activismo cultural y la construcción de identidades colectivas, convirtiéndola en una de las voces fundamentales del arte chicano contemporáneo.

En este contexto surge L.A. History: A Mexican Perspective, una obra de grandes dimensiones que sintetiza décadas de historia social, política y cultural de Los Ángeles mediante una compleja estructura narrativa. El mural se convirtió rápidamente en un objeto de controversia debido a la inclusión de episodios relacionados con el racismo, la violencia institucional y la discriminación. La negativa de la artista a eliminar determinadas escenas provocó la censura de la obra y su ocultamiento durante más de tres décadas. Paradójicamente, esta circunstancia convirtió al mural en un símbolo de la lucha por la representación histórica y la memoria colectiva.

Barbara Carrasco y el muralismo chicano en California

La aparición de Barbara Carrasco debe entenderse en el marco del desarrollo del movimiento artístico chicano surgido en California durante las décadas de 1960 y 1970. Este movimiento utilizó el arte como herramienta de transformación social, reivindicación identitaria y recuperación de la memoria histórica de las comunidades mexicano-americanas.

A diferencia de los muralistas mexicanos de la primera mitad del siglo XX, los artistas chicanos desarrollaron una práctica profundamente vinculada a las comunidades locales. Los murales se convirtieron en espacios de educación popular, activismo político y afirmación cultural. Dentro de este contexto, Carrasco introdujo una perspectiva particularmente innovadora al incorporar problemáticas relacionadas con el género, la diversidad étnica y las formas de exclusión social presentes en la historia urbana de California.

Su trabajo se inscribe también en la tradición de las mujeres muralistas chicanas que, desde finales de la década de 1970, comenzaron a cuestionar la predominancia masculina dentro del propio movimiento muralista. Como señala Gabriela Rodríguez-Gómez, estas artistas desarrollaron nuevas formas de representación histórica en las que mujeres, indígenas, migrantes y comunidades racializadas ocupaban posiciones centrales dentro de la narrativa visual.

El mural como archivo visual alternativo

Uno de los aspectos más relevantes de L.A. History: A Mexican Perspective es su carácter archivístico. El mural funciona como una forma de archivo visual alternativo que reúne acontecimientos, personajes y procesos históricos ausentes de los relatos oficiales.

Lejos de organizar la historia mediante una cronología lineal, Carrasco construye una red de imágenes conectadas entre sí a través del cabello de la figura central conocida como La Reina de los Ángeles. Esta figura femenina remite al nombre original de la ciudad y actúa como eje articulador de una narración visual compuesta por más de cincuenta escenas históricas.

La estructura del mural permite establecer conexiones entre acontecimientos separados temporalmente pero vinculados por relaciones de poder, conflicto y resistencia. De este modo, la artista sustituye la lógica tradicional de la historiografía por una concepción de la memoria entendida como una constelación de experiencias compartidas.

Desde la perspectiva de la cultura visual contemporánea, el mural puede interpretarse como una forma de contraarchivo que desafía las jerarquías establecidas por las instituciones históricas y museísticas. Carrasco no se limita a representar acontecimientos; selecciona aquello que debe ser recordado y cuestiona aquello que ha sido sistemáticamente olvidado.

La recuperación de la memoria indígena

La sección inicial de L.A. History: A Mexican Perspective constituye una declaración visual de enorme relevancia simbólica e histórica. Barbara Carrasco sitúa en el centro de la composición a una gran figura femenina identificada como La Reina de los Ángeles, una alegoría que encarna la memoria colectiva de la ciudad. Su largo cabello oscuro se despliega por toda la superficie del mural y funciona como un río narrativo que conecta distintos momentos históricos. Lejos de representar una figura religiosa o una heroína individual, Carrasco construye una imagen femenina de rasgos mestizos e indígenas que observa silenciosamente el desarrollo de la historia. Esta elección otorga a las mujeres un papel central en la narración visual y cuestiona las tradiciones historiográficas y monumentales basadas en protagonistas masculinos. La artista transforma así el cuerpo femenino en un territorio simbólico donde se inscriben las memorias de Los Ángeles.

Entre los mechones de cabello aparecen escenas relacionadas con los primeros habitantes del territorio, representados mediante actividades cotidianas vinculadas a la pesca, la vida comunitaria, el uso del fuego y la relación con el entorno natural. La presencia de pueblos indígenas, identificables con las comunidades tongva y gabrielino, desplaza el origen histórico de la ciudad mucho antes de la colonización española. Carrasco reivindica una historia anterior a la conquista, mostrando sociedades organizadas que desarrollaron formas propias de conocimiento, subsistencia y transmisión cultural. El agua, el fuego y el paisaje natural adquieren una dimensión simbólica que remite a la continuidad entre territorio, comunidad y memoria. De este modo, la artista establece desde el comienzo una de las ideas fundamentales de todo el mural: la historia de Los Ángeles no empieza con la fundación colonial, sino con los pueblos originarios que habitaron estas tierras durante siglos y cuya presencia ha sido sistemáticamente invisibilizada por los relatos históricos oficiales.

La fundación colonial de Los Ángeles: religión, territorio y trabajo indígena

Esta sección del mural representa el proceso de colonización española y la fundación de Los Ángeles, uno de los momentos decisivos en la transformación histórica del territorio que Barbara Carrasco narra desde una perspectiva crítica. En el centro de la composición aparece una figura femenina inspirada en la iconografía de la Virgen de Guadalupe, vinculada simbólicamente al documento donde puede leerse «El Pueblo de la Reina de Los Ángeles de Porciúncula», referencia al nombre original de la ciudad fundada en 1781. A su alrededor se desarrollan diversas escenas relacionadas con la expansión colonial: la presencia de frailes franciscanos, la construcción de la misión, las labores agrícolas, la introducción del ganado y el establecimiento de los primeros asentamientos españoles. La artista muestra así los elementos fundamentales del proyecto colonial: evangelización, ocupación territorial y reorganización económica del espacio californiano. Sin embargo, lejos de celebrar una visión heroica de la conquista, Carrasco integra estos acontecimientos dentro de una narración más amplia en la que la colonización aparece como un episodio más de una historia que comenzó mucho antes con los pueblos indígenas.

Resulta especialmente significativa la presencia simultánea de trabajadores indígenas construyendo edificaciones de adobe, cultivando la tierra y participando en las actividades productivas que hicieron posible el desarrollo de las misiones y los primeros poblados. Carrasco desplaza así el protagonismo de los colonizadores hacia aquellos sujetos que habitualmente permanecen invisibles en los relatos oficiales. La cruz, las misiones y los símbolos religiosos aparecen acompañados por escenas de trabajo forzado y transformación del paisaje, recordando que la construcción de la California colonial se sustentó en la explotación de las poblaciones originarias. En la parte inferior del mural, las viviendas indígenas y las actividades cotidianas continúan coexistiendo con las nuevas estructuras coloniales, sugiriendo la persistencia de las culturas nativas frente a los procesos de conquista y asimilación. Esta superposición de imágenes permite comprender la fundación de Los Ángeles no como un acontecimiento aislado, sino como un complejo proceso de encuentro, conflicto y resistencia que marcaría profundamente la evolución histórica y cultural de la ciudad.

La conquista estadounidense y la transformación política de California

Esta sección del mural representa uno de los momentos más decisivos y traumáticos en la historia de California: la transición del periodo mexicano al dominio estadounidense tras la guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848). Barbara Carrasco articula este proceso mediante una compleja serie de símbolos históricos que aparecen entrelazados por el cabello de La Reina de los Ángeles. En la parte superior pueden observarse siluetas de jinetes y escenas vinculadas a la expansión territorial hacia el oeste, mientras que la presencia del cañón ocupa un lugar central como símbolo explícito de la conquista militar. La cruz, las construcciones coloniales y los edificios civiles remiten a las distintas etapas de ocupación y reorganización del territorio, mostrando cómo el espacio californiano fue transformándose sucesivamente bajo los regímenes español, mexicano y estadounidense. Carrasco no presenta este cambio político como una evolución pacífica, sino como un proceso marcado por la fuerza militar, la imposición de nuevas estructuras de poder y la redefinición de las fronteras.

Especialmente significativa es la escena de combate situada en la parte inferior derecha, donde soldados a caballo y figuras armadas evocan los conflictos bélicos que acompañaron la anexión de California a los Estados Unidos. La intensidad cromática y el tratamiento expresionista de los personajes contrastan con la relativa serenidad de las escenas anteriores, subrayando el carácter violento de esta transformación histórica. Junto a estas imágenes aparecen referencias a la formación de las nuevas instituciones urbanas y al desarrollo económico que acompañó la incorporación del territorio a la Unión. Carrasco recuerda así que la historia de Los Ángeles no puede entenderse únicamente como una sucesión de fundaciones y progresos, sino también como una historia de guerras, desplazamientos y conflictos de soberanía. Esta sección funciona como un puente entre la California colonial y la moderna ciudad estadounidense, poniendo de manifiesto las tensiones políticas y culturales que definirían el futuro de la región durante la segunda mitad del siglo XIX.

Modernización y diversidad social: la construcción de la ciudad multicultural

Esta sección del mural muestra el proceso de modernización y expansión de Los Ángeles durante la segunda mitad del siglo XIX, un periodo marcado por profundas transformaciones económicas, tecnológicas y sociales. Barbara Carrasco reúne aquí una serie de personajes y símbolos que representan la incorporación de California a las redes de comunicación, transporte y comercio que impulsaron el crecimiento de la región. La presencia del letrero El Camino Real remite a la histórica ruta que conectaba las misiones californianas, mientras que la representación de edificios institucionales, medios de transporte y escenas de trabajo ilustra la progresiva consolidación de la ciudad como centro económico y administrativo. Entre estas imágenes destaca la figura de una mujer afroamericana, probablemente inspirada en Biddy Mason, una de las personalidades más importantes de la historia angelina. Nacida esclava y posteriormente liberada, Mason se convirtió en empresaria, propietaria de tierras y filántropa, desempeñando un papel fundamental en el desarrollo social de Los Ángeles durante el siglo XIX. Su inclusión evidencia el interés de Carrasco por rescatar la contribución de grupos históricamente invisibilizados dentro de la narrativa oficial de la ciudad.

La composición también refleja la diversidad cultural que comenzó a caracterizar a Los Ángeles en este periodo. Las escenas relacionadas con la educación, el trabajo y la movilidad urbana muestran una sociedad en transformación, impulsada por la llegada de nuevas poblaciones y por la creciente integración económica del territorio. La presencia de carruajes, jinetes y edificios religiosos recuerda la coexistencia de tradiciones heredadas del periodo mexicano con las nuevas estructuras políticas y económicas impuestas tras la incorporación de California a los Estados Unidos. Carrasco construye así una visión plural de la modernización, alejada de los relatos triunfalistas del progreso. En lugar de centrarse exclusivamente en empresarios o dirigentes políticos, la artista otorga protagonismo a mujeres, trabajadores y minorías étnicas, subrayando que el crecimiento de Los Ángeles fue el resultado de la participación de múltiples comunidades cuyas contribuciones han sido frecuentemente omitidas de la memoria histórica dominante.

Industrialización, agricultura y crecimiento urbano: la construcción de la metrópoli angelina

Esta parte del mural muestra la profunda transformación económica y territorial que experimentó Los Ángeles entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Barbara Carrasco reúne aquí imágenes que representan el desarrollo agrícola, la expansión urbana y la consolidación de la ciudad como uno de los principales centros económicos de California. Las naranjas y los trabajadores recolectando fruta aluden al auge de la industria citrícola, actividad que contribuyó decisivamente al crecimiento regional y a la construcción del imaginario de California como tierra de prosperidad. Junto a estas escenas aparecen edificios emblemáticos como la torre del Ayuntamiento de Los Ángeles (Los Angeles City Hall), inaugurada en 1928, símbolo del poder institucional y de la modernización urbana. La presencia de estructuras arquitectónicas, centros cívicos y espacios comerciales refleja el proceso mediante el cual una pequeña ciudad fronteriza se convirtió en una gran metrópoli conectada a los mercados nacionales e internacionales.

Al mismo tiempo, Carrasco recuerda que este crecimiento estuvo sustentado por el trabajo de miles de personas procedentes de distintas comunidades étnicas y migrantes. El Grand Central Market, uno de los mercados históricos más importantes de Los Ángeles, aparece como símbolo de la diversidad cultural que caracteriza a la ciudad, un espacio donde confluyen productos, lenguas y tradiciones de múltiples orígenes. La rosa roja y los paisajes agrícolas evocan la riqueza natural del territorio, mientras que el célebre cartel de Hollywood, visible en la parte superior derecha, introduce el nacimiento de la industria cultural que convertiría a Los Ángeles en un referente mundial del entretenimiento. De esta manera, Carrasco construye una visión compleja del progreso urbano: una ciudad que crece gracias a la agricultura, el comercio, la arquitectura y la cultura, pero cuya prosperidad depende también del esfuerzo cotidiano de trabajadores y comunidades frecuentemente ausentes de las narrativas oficiales sobre el desarrollo económico de California.

Junto a él aparecen referencias a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1932, que proyectaron la imagen de una ciudad moderna y cosmopolita, así como fragmentos de película cinematográfica y retratos de figuras vinculadas a la industria del entretenimiento. Las rosas, recurrentes en la iconografía angelina, evocan el clima privilegiado y la imagen idealizada del sur de California. También se representan lugares emblemáticos como Angel’s Flight Railway, uno de los funiculares más antiguos de la ciudad, y escenas relacionadas con la movilidad urbana, incluyendo los característicos tranvías rojos que conectaron numerosos barrios de Los Ángeles durante buena parte del siglo XX. Carrasco retrata así una ciudad en plena expansión, impulsada por el transporte, la cultura de masas y la creciente construcción de una identidad urbana moderna.

Sin embargo, la artista contrapone deliberadamente esta imagen de prosperidad con escenas que recuerdan las profundas desigualdades sociales que acompañaron dicho crecimiento. En la parte inferior observamos una fila de personas esperando comida en una cocina benéfica, una referencia a los efectos de la Gran Depresión de los años treinta, cuando miles de habitantes de Los Ángeles sufrieron desempleo, pobreza y exclusión social. La inclusión de estas figuras rompe con las narrativas triunfalistas asociadas a Hollywood y al desarrollo económico de California. Del mismo modo, la representación de un mural indígena y de elementos vinculados a las culturas originarias recuerda la persistencia de identidades y memorias que sobrevivieron a los procesos de modernización. Carrasco construye así una visión compleja de la ciudad, donde el esplendor del cine, los grandes eventos internacionales y el progreso tecnológico conviven con la precariedad, la desigualdad y las tensiones sociales. Esta sección evidencia uno de los principios fundamentales de L.A. History: A Mexican Perspective: la historia de Los Ángeles no puede entenderse únicamente a través de sus éxitos económicos y culturales, sino también mediante las experiencias de aquellos sectores sociales que quedaron al margen de los beneficios de la modernidad.

Memoria colectiva, diversidad cultural e identidad chicana en los Ángeles contemporáneo

La parte final del mural constituye la culminación del relato histórico construido por Barbara Carrasco y representa el momento en que las múltiples comunidades que han configurado Los Ángeles aparecen reunidas en una misma imagen colectiva. A diferencia de las secciones anteriores, centradas en acontecimientos históricos concretos, aquí la artista desplaza la atención hacia las personas que habitan la ciudad y que encarnan su diversidad cultural. Entre los mechones de cabello de La Reina de los Ángeles aparecen referencias a la cultura popular, los medios de comunicación, el deporte y el espectáculo. Se reconocen figuras asociadas al cine, la música y la televisión, junto al lanzador mexicano Fernando Valenzuela, cuya presencia simboliza el impacto de la comunidad mexicana y latina en la identidad contemporánea de Los Ángeles. También aparecen imágenes relacionadas con el Los Angeles Times, el estadio de los Dodgers, los barrios residenciales, las autopistas y la expansión metropolitana, elementos que definen la vida urbana durante la segunda mitad del siglo XX. Carrasco incorpora además referencias a las migraciones recientes, como la imagen de la niña japonesa sentada sobre su equipaje, evocación de los desplazamientos forzados y de las experiencias de exclusión sufridas por diversas comunidades étnicas.

Sin embargo, el elemento más significativo de esta sección es la gran multitud de rostros que ocupa la parte inferior de la composición. Lejos de construir un panteón de héroes individuales, Carrasco reúne artistas, activistas, trabajadores, líderes comunitarios, familiares, colaboradores del mural y ciudadanos anónimos, configurando un auténtico retrato colectivo de Los Ángeles. Entre ellos aparecen representantes de comunidades afroamericanas, asiáticas, indígenas, mexicanas y euroamericanas, reflejando la compleja diversidad étnica que caracteriza a la ciudad. Esta multitud funciona como una metáfora visual de la convivencia multicultural y de la construcción compartida de la memoria urbana. La historia ya no pertenece únicamente a gobernantes o instituciones; pertenece a las personas que han contribuido a la vida cotidiana de la ciudad. Con esta imagen coral, Carrasco concluye su narración proponiendo una visión inclusiva de Los Ángeles, donde la identidad colectiva surge de la interacción entre múltiples culturas, generaciones y experiencias históricas. El mural se convierte así en un acto de recuperación de la memoria comunitaria y en una reivindicación del papel de las minorías en la construcción de la historia contemporánea de California.

Un aspecto especialmente significativo de esta sección final es la inclusión explícita de los nombres de los pintores, artistas y colaboradores que participaron en la realización del mural. Barbara Carrasco rompe aquí con la concepción tradicional del artista como creador individual para reivindicar el carácter colectivo del muralismo chicano. Entre los asistentes aparecen Paul Mares, Steve Smith, Gene Rojas, Rudy Flores, Diana Mares, Tina Moreno, Anthony Pina, Grace Flores, Alex González, Marcus McCall, Alex Rodríguez, Angela Gonzales, Mario Campuzano, Marina Hernández, Leandra Carrasco, José Ballesteros y Bryian Montgomery. Junto a ellos figuran también los artistas Rod Sankai, Glenna Boltuch Avila y Yreina Cervántez, destacadas figuras vinculadas a la producción artística y cultural de Los Ángeles. La presencia de estos nombres dentro de la propia composición convierte los créditos en parte integrante de la obra y visibiliza el trabajo colaborativo que caracteriza al muralismo chicano. Carrasco subraya así que tanto la creación artística como la construcción de la memoria histórica son procesos colectivos, resultado de la participación de múltiples individuos y comunidades. Al incorporar a sus colaboradores dentro de la narrativa visual del mural, la artista transforma el propio proceso de producción en una declaración política sobre la importancia de la comunidad, la cooperación y el reconocimiento de quienes habitualmente permanecen invisibles en los relatos oficiales del arte.

Conclusiones

Más de cuatro décadas después de su creación, L.A. History: A Mexican Perspective continúa siendo una de las obras más significativas del arte público estadounidense y uno de los ejemplos más relevantes del muralismo chicano contemporáneo. Su importancia no reside únicamente en sus dimensiones monumentales o en la complejidad de su composición visual, sino en su capacidad para cuestionar los relatos dominantes sobre la historia de Los Ángeles y proponer una narrativa alternativa construida desde las experiencias de comunidades tradicionalmente excluidas de la memoria oficial. A través de una extensa red de personajes, acontecimientos y símbolos, Barbara Carrasco recupera la presencia de pueblos indígenas, migrantes, trabajadores, mujeres y minorías étnicas, transformando el mural en un auténtico archivo visual de la diversidad cultural angelina.

La obra recorre más de dos siglos de historia urbana mediante una estructura narrativa innovadora articulada en torno a la figura de La Reina de los Ángeles, cuyo cabello conecta episodios que abarcan desde la presencia ancestral de los pueblos tongva y gabrielino hasta la consolidación de Los Ángeles como una metrópoli multicultural. A lo largo de esta narración visual, Carrasco incorpora acontecimientos frecuentemente ausentes de los relatos conmemorativos, como la violencia colonial, la discriminación racial, la explotación laboral, la masacre china de 1871, el internamiento de ciudadanos japoneses durante la Segunda Guerra Mundial o las luchas por los derechos civiles de las comunidades chicanas. El mural se convierte así en una herramienta crítica que cuestiona las versiones heroicas y homogéneas de la historia urbana para mostrar una ciudad construida a partir de procesos de conflicto, resistencia y negociación cultural.

La historia de la propia obra constituye, además, una prolongación de los conflictos que representa. Finalizado en 1981 como encargo para las celebraciones del bicentenario de Los Ángeles, el mural fue objeto de censura por parte de la Community Redevelopment Agency (CRA), que exigió la eliminación de varias escenas consideradas políticamente controvertidas. Carrasco rechazó modificar la obra y, como consecuencia, el mural fue retirado del programa oficial de exhibición y permaneció almacenado durante décadas. Este episodio transformó el mural en un símbolo de las disputas por la memoria histórica y el control de la representación pública del pasado. Paradójicamente, la censura confirmó la vigencia de las problemáticas denunciadas por la artista, evidenciando cómo determinadas instituciones continúan interviniendo en la construcción de las narrativas históricas legitimadas socialmente.

Tras más de cuarenta años de invisibilidad parcial y desplazamientos temporales por distintos espacios expositivos, L.A. History: A Mexican Perspective encontró finalmente un emplazamiento permanente en el Natural History Museum of Los Angeles County, donde fue instalado en 2022 como parte de una iniciativa destinada a recuperar y preservar uno de los proyectos más importantes del patrimonio cultural de la ciudad. Su incorporación al museo supone no sólo el reconocimiento institucional de la trayectoria de Barbara Carrasco, sino también la reivindicación de una visión histórica que durante décadas fue considerada incómoda o conflictiva. La presencia permanente del mural en una de las principales instituciones culturales de Los Ángeles simboliza una reparación histórica y un reconocimiento del papel fundamental que las comunidades chicanas, indígenas, migrantes y racializadas han desempeñado en la construcción de la ciudad.

*Agradecimientos

La autora agradece a la Beca Complutense del Amo por el apoyo recibido para la realización de esta investigación, así como al https://www.chicano.ucla.edu/about por facilitar el desarrollo de la estancia académica y el acceso a recursos fundamentales para este trabajo.

Referencias

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Carrasco, B. (1981). L.A. History: A Mexican Perspective [Mural]. Los Angeles, CA.

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