Por Yskelani Martinez

Alberto Hugo Rojas (Lanzarote, 1977) es un reportero gráfico especializado en la cobertura de guerras, crisis humanitarias y procesos migratorios. A lo largo de sus 25 años de trayectoria profesional, ha documentado situaciones de conflicto y vulnerabilidad en lugares como Palestina, Ucrania, Jordania, las favelas de Río de Janeiro, Grecia y la isla de Lesbos, Calais (norte de Francia), el Sáhara argelino, Irak, Siria y regiones de población kurda, entre otros. Asimismo, es miembro de Reporteros Sin Fronteras y fundador de la ONG Paz en Construcción, dedicada a la defensa de los derechos humanos a través de la educación. En reconocimiento a su labor, ha recibido el Jameo de Oro a la Solidaridad Internacional, en el marco de los Honores y Distinciones del Cabildo de Lanzarote de 2024, y el reconocimiento de Conejero del Año 2025, otorgado por el Rotary Club de Lanzarote.

Rojas nos concedió una entrevista en la que abordó diversos aspectos de su trayectoria profesional. En primer lugar, explicó las dificultades que afrontan los fotógrafos independientes a la hora de difundir y comercializar sus imágenes. La falta de apoyo económico estable y la incertidumbre sobre la venta de las fotografías a medios y agencias condicionan la continuidad de su trabajo. Como afirmó: «Las dificultades que a veces nos encontramos como freelance es que tú no tienes un apoyo continuo. Si no sirven las fotografías, no cobras, y si no cobras, no puedes continuar». A esta inestabilidad se suma la necesidad de encontrar agencias informativas que no solo publiquen su trabajo, sino que también respeten «la realidad de la historia de la foto».

En la actualidad, el desarrollo tecnológico ha transformado significativamente este panorama, al permitir una difusión mucho más rápida de las imágenes y facilitar su llegada a públicos cada vez más amplios. Sin embargo, aunque las redes sociales constituyen una herramienta útil para dar a conocer el trabajo fotográfico, también plantean importantes desafíos. La facilidad para compartir imágenes ha favorecido la circulación de contenidos sin el rigor profesional necesario, lo que puede contribuir a descontextualizar los acontecimientos y deshumanizar a sus protagonistas. En este sentido, Rojas destacó la responsabilidad social del fotoperiodismo: «Realmente nuestro trabajo es intentar visibilizar situaciones y las personas, pues son las que están en las historias, y algo muy importante es una base de la veracidad. Y hay una parte que se ha olvidado muchas veces que es la parte humana». Sus palabras ponen de manifiesto que la labor de un reportero va más allá de documentar los hechos o mostrar las consecuencias de un conflicto: también implica transmitir la dimensión humana de las historias, dar visibilidad a quienes las protagonizan y evitar que sean percibidos únicamente como víctimas.

En esta misma línea, resaltó la importancia de «estar en el lugar de los hechos». La cobertura periodística exige seleccionar y encuadrar los acontecimientos, ya que resulta imposible documentar todo lo que se observa. Como reconoció el entrevistado, «a veces hay momentos que hay fotos que se escapan». No obstante, Rojas procura ofrecer una visión lo más amplia posible mediante la convivencia con la población local y el establecimiento de redes de contacto que le permitan comprender el contexto en el que trabaja. «Tienes que convivir para contar la realidad y después fotografiar esa realidad con la que vives para contar el conflicto desde el lugar. Tú haces un trabajo sobre la población, sobre la situación y vas un poquito más allá de la retórica de que todo el mundo sabe los conflictos, todo el mundo tiene una respuesta. Pero tú estás ahí. Cuentas la realidad de la vida, no solamente una realidad», afirmó.

Por otra parte, la inestabilidad del trabajo como freelance se refleja especialmente en los ingresos económicos. Al preguntarle por la posibilidad de desarrollar proyectos en países del continente americano, respondió que, por el momento, no había podido hacerlo debido a la falta de recursos y de contactos que facilitaran su desplazamiento. Asimismo, comentó: «No podría ir a Estados Unidos, más que nada por el presupuesto, pero también porque no querría estar financiado por un gobierno con el que no estoy de acuerdo ideológicamente».

Alberto Hugo Rojas en la Facultad Ciencias de la Información (CCinf) de la Universidad Complutense, 2026. Foto Propia

Al profundizar en la cobertura de los conflictos bélicos, Rojas explicó que la actualidad informativa influye en la elección de los lugares a los que se desplaza. Sin embargo, su interés no se centra necesariamente en los acontecimientos que ocupan los titulares, sino, precisamente, en aquellos conflictos que quedan fuera del «foco de los medios de comunicación». En una sociedad marcada por la inmediatez, la impersonalidad y la saturación informativa, prefiere visibilizar situaciones poco conocidas o que han caído en el olvido. Un ejemplo es el conflicto palestino-israelí, que cubrió en 2002, mucho antes de que la escalada de violencia iniciada en octubre de 2023 devolviera la región al centro de la atención internacional. Entre sus planes también figura regresar a Ucrania, donde la guerra continúa, aunque su cobertura mediática haya perdido protagonismo en determinados momentos.

Tras haber trabajado en varios países afectados por crisis, Rojas ha observado que las guerras presentan similitudes y, en ocasiones, están «unidas». Desde su perspectiva, no deben entenderse como acontecimientos aislados, sino como realidades que pueden estar relacionadas por intereses políticos, alianzas internacionales y estrategias de poder. Para ilustrar esta idea, establece una comparación entre los conflictos de Ucrania y Palestina. A su juicio, en ambos casos intervienen dirigentes cuyas actuaciones vulneran los derechos humanos y perpetúan dinámicas de dominación y violencia. Así, invita a cuestionar la percepción de que las guerras que tienen lugar en diferentes partes del mundo constituyen fenómenos completamente independientes.

A pesar de haber sido testigo de la destrucción, los bombardeos y la muerte, Rojas también ha vivido experiencias que le han permitido mantener la esperanza en la humanidad. Entre ellas, destaca la solidaridad que surge entre las comunidades afectadas por los conflictos y la capacidad de las personas para conservar la empatía incluso en las circunstancias más adversas. Como expresó durante la entrevista: «Me he encontrado en mi trabajo gente que lo está pasando horriblemente mal que y niños y niñas que tienen razones para ser maleducados y que están dando lecciones de humanidad de comportamiento y de dar las gracias a un maestro a maestra que viene a jugarse la vida para darle educación».

Alberto Hugo Rojas en la Facultad CCINF de la Universidad Complutense, octubre 2026. Foto Propia

En relación con su organización no gubernamental, Paz en Construcción, Rojas explicó que la iniciativa surgió a raíz de su primera exposición fotográfica, celebrada en 2002. La respuesta del público, especialmente en los centros educativos, le hizo comprender el potencial pedagógico de sus imágenes y la importancia de acercarlas al ámbito de la enseñanza. Según señaló, sus fotografías «tienen más sentido en manos del profesorado», ya que permiten utilizarlas como punto de partida para investigar, descubrir nuevas realidades y profundizar en el conocimiento de los conflictos. Mediante charlas y actividades educativas, la organización busca sensibilizar al alumnado y fomentar una reflexión crítica sobre las realidades representadas. Para ilustrar la repercusión de estas iniciativas entre los estudiantes, Rojas relató: «Una vez aquí en el César Manrique de las palmas una tarde me empieza a llamar un niño por teléfono para pedir información porque habían dicho que tenían que hacer un trabajo sobre mí. Al día siguiente la profesora me llama para pedirme disculpas. Fue tan bonito de que fueron a la fuente». Esta experiencia refleja el valor educativo de su proyecto, que no solo pretende acercar al alumnado a los conflictos internacionales, sino también fomentar la curiosidad, la investigación y el acceso a información de primera mano.

Finalmente, Rojas dirigió una reflexión a quienes desean dedicarse al fotoperiodismo y subrayó que la preparación técnica no basta para afrontar las exigencias de la profesión. También es necesario comprender «la gran carga emocional de este trabajo». Su experiencia muestra que las consecuencias de presenciar situaciones traumáticas pueden prolongarse mucho más allá de la cobertura sobre el terreno. En este sentido, confesó: «Hay momentos en los que no puedo dormir» y «cuando escucho un sonido fuerte me asustó porque me recuerda a los bombardeos».

Esta entrevista permite comprender mejor la exigente labor de los corresponsales de guerra, que se desplazan a zonas de conflicto y crisis humanitarias para documentar lo que sucede sobre el terreno. Su trabajo, desarrollado a menudo en condiciones de riesgo, contribuye a visibilizar las experiencias de las poblaciones afectadas y a situar la defensa de los derechos humanos en el debate público.

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