Maruja Mallo en su estudio de Buenos Aires con su serie La Religión del trabajo, 1939.
Fotografía: José Ignacio Abeijón.

Por Alba Monfort Cirera @alba_monfort

El Museo Reina Sofía dedica a Maruja Mallo la gran retrospectiva que merecía: una exposición que recorre seis décadas de creación y revela cómo una de las voces femeninas más audaces del siglo XX convirtió la geometría, la máscara y la imaginación en símbolos de libertad.

Desde el 8 de octubre de 2025, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía acoge la exposición Maruja Mallo: Máscara y compás, disponible hasta el 16 de marzo de 2026, tras su presentación previa en el Centro Botín de Santander. La muestra reúne más de un centenar de obras -de ellas 13 forman parte de la Colección del Museo, unos 70 dibujos, además de otro centenar de fotografías y documentos de la artista, algunos inéditos, muchos de ellos adquiridos recientemente por el Museo Reina Sofía como parte del legado del Archivo Lafuente-. Esta amplia retrospectiva devuelve a la actualidad la figura de una de las creadoras más singulares de la vanguardia española.


Entre sus mayores logros destaca la reunión por primera vez de las cinco Verbenas que Maruja Mallo pintó entre 1927 y 1928, un conjunto excepcional que no se había mostrado íntegro desde su creación y que permite comprender en toda su magnitud la mirada moderna, irónica y festiva de la artista sobre la cultura popular madrileña. 

Cunchas e compás. Mural hecho de conchas en el exterior del Museo Reina Sofía en Madrid.

Alfombra efímera

Como homenaje a la artista gallega, la inauguración de la muestra se acompañó de la alfombra efímera Cunchas e compás (Conchas y compás), instalada en la entrada principal del Edificio Sabatini. Confeccionada por la Asociación Cunchas e Flores de Bueu, con apoyo de la Xunta de Galicia, esta pieza rememora la estancia de Mallo en la localidad pontevedresa durante el verano de 1936, un breve pero fructífero periodo en el que coincidió con intelectuales y artistas como José Suárez, Rómulo Gallegos o Carlos Velo, y en el que elaboró su célebre Cuaderno de Galicia.

En Cunchas e compás confluyen materiales marinos —conchas, caracolas, arenas y fibras vegetales teñidas— que evocan el vínculo entre el arte y la cultura popular, el mar y la tierra, tan presentes en la obra de Mallo. Una bienvenida simbólica que transforma el acceso al museo en un mapa sensorial de su universo estético.

Sorpresa del trigo, 1936. Colección particular.

Nacida en Viveiro en 1902 y fallecida en Madrid en 1995, Maruja Mallo fue una de las  protagonistas más complejas y brillantes de la Generación del 27, junto a Dalí, Lorca o María Zambrano. Su obra encarna el tránsito de una España tradicional hacia la modernidad: una mujer que pensó el arte como conocimiento, disciplina y emancipación. En sus cuadros se funden lo popular y lo intelectual, la geometría y la imaginación, el rigor técnico y la sensualidad del color. 

La exposición, comisariada por Patricia Molins, historiadora del arte y miembro del equipo de Exposiciones del Museo, ofrece una lectura coherente y profundamente humanista. Según el director del Museo Reina Sofía, Manuel Segade, “Maruja Mallo tendría un lugar garantizado en la historia por ser la artista capaz de dotar de imaginario visual a la Generación del 27, pero además ha sido una personalidad muy avanzada a su tiempo, por su preocupación por la dignidad del trabajo de la mujer, por sus teorías sobre la importancia de la creación popular, por su capacidad para performar su propia imagen y por su innovadora invención de una cultura visual para la ciencia ficción”. 

Con el título Máscara y compás se alude a dos elementos característicos de la obra de Mallo, el compás como instrumento rector del trazado geométrico del que parte su pintura, y la máscara como referencia a la tensión que existe en su obra entre lo animado y lo inanimado, entre la naturaleza, efímera, y su representación plástica, intemporal. El montaje se estructura en seis apartados —Verbenas, Arquitecturas minerales y vegetales, La religión del trabajo, Cabezas, Máscaras y Autorretratos—, las mismas categorías que la propia Mallo utilizó para ordenar su producción. El visitante recorre un itinerario que avanza de lo urbano a lo natural, de lo material a lo simbólico, del rostro a la máscara.

Lo popular como territorio de libertad

En su primera etapa, Mallo crea una nueva noción de “lo popular” — que ella misma definía como “la representación lírica de la fuerza creadora del hombre”—. A finales de la década de 1920 inicia sus Estampas y Verbenas (1927-1928), escenas festivas donde la masa popular se convierte en protagonista. Bajo una apariencia carnavalesca, Mallo compone una sátira visual contra los tópicos castizos: toros, manolas y supersticiones son ridiculizados entre farolillos y carteles. El color vibrante, la pincelada suelta y las diagonales transmiten la energía de un Madrid moderno y la ironía de una sociedad en transformación. Lo popular, lejos de la nostalgia, se convierte en un territorio de libertad y crítica. Estas composiciones monumentales reivindican el carnaval y la fiesta popular como un ideal democrático en el que se diluyen las diferencias, como en Verbena de la Pascua (1927), donde ubica a criados y burgueses en el mismo plano. como un ideal democrático en el que se diluyen las diferencias, como en Verbena de la Pascua (1927), donde ubica a criados y burgueses en el mismo plano.

Verbena de la Pascua, 1927. Colección particular, Buenos Aires.

A comienzos de los años treinta, su pintura adquiere una dimensión más racional y constructiva. En las series Arquitecturas minerales y vegetales (1932-33), Construcciones rurales (1933-36) y Cerámicas (1935-36), depura la figuración y la somete a una lógica geométrica. Las formas orgánicas y los elementos rurales -silos, almiares, esqueletos- se transforman en estructuras armónicas que buscan un equilibrio entre forma y materia. Su contacto con Torres-García y con la Escuela de Vallecas refuerza esa concepción del arte como construcción de conocimiento. La materia es, para ella, una forma de pensamiento. Según Mallo estas series surgen del «anhelo de llegar a construir de nuevo ese conjunto de cosas que responde a la materialidad y conciencia universal, así como el ansia de hallar un nuevo lenguaje formal para representar la realidad».

El recorrido dedica también un espacio a sus colaboraciones teatrales con Rafael Alberti y Concha Méndez, donde experimentó con la luz, el color y el movimiento. En su diseño para Clavileño incorporó materiales naturales y formas giratorias -sus “giróvagos”, como los llamó-, anticipando la dimensión performativa de su obra pictórica.

En 1936, a las puertas de la Guerra Civil, participa en tres importantes exposiciones: la Exposició Logicofobista en Barcelona, L’Art espagnol contemporain en París y la Mostra Spagnuola de la XX Bienal de Venecia. El inicio de la contienda sorprende a Mallo en el pueblo gallego de Bueu, cuya tradición pesquera plasma en un cuaderno de dibujos. Gracias a la poeta Gabriela Mistral, la artista logra escapar a Lisboa, de cuyo puerto parte a principios de 1937 para instalarse en Buenos Aires. Ese desplazamiento geográfico se convierte en un viaje interior. En la serie La religión del trabajo (1936-39) rinde homenaje a campesinas y pescadoras monumentales, símbolos de una humanidad reconciliada con la naturaleza. Estas figuras, iluminadas por tonos dorados y plateados, poseen la serenidad de las diosas antiguas y la dignidad de lo cotidiano. En lugar de recurrir a la propaganda, Mallo eleva el trabajo manual a una categoría espiritual.

La tierra, 1938. Óleo sobre lienzo. Colección particular.
El mar, 1938. Óleo sobre lienzo. Colección particular.

Las máscaras y la revelación

A partir de los años cuarenta desarrolla las Cabezas bidimensionales (1941-52), donde ensaya una fusión entre lo humano y lo natural. Los rostros de frente y de perfil parecen representar prototipos carismáticos -belleza, riqueza, fortaleza, templanza-. Sin embargo, no excluyen la individualidad psicológica y física de sus modelos reales, con los que ensaya una hibridación de razas, sexos e incluso reinos naturales, como ocurre en La cierva humana.

Maruja Mallo vestida de algas en la playa de El Tabo. Fotografía intervenida por la artista. Chile, 1945. Museo Reina Sofía. Colección Archivo Lafuente. 

Las Máscaras (1948-57) culminan ese proceso. Son rostros inmóviles frente a fondos de playas curvadas y cielos en movimiento, metáforas del desarraigo, de independencia de la forma humana. En ellas, la artista transforma la melancolía del exilio en reflexión sobre la dualidad entre presencia y desaparición. Su amiga María Zambrano escribió que “la máscara de Mallo es la forma visible de la escisión del alma”. La luz crepuscular, las mariposas y las sombras subrayan la idea de cambio irreversible. 

La exposición incluye además una serie de autorretratos fotográficos en los que Mallo se convierte en sujeto creador. En 1929 se fotografía en un vagón abandonado, como si documentara el naufragio de una época; en 1945 posa en una playa chilena cubierta de algas, encarnando una diosa marina renacida. En su madurez, aparece junto a una espiga, un compás o un globo terráqueo, símbolos de conocimiento, equilibrio y transformación.

Brújula interior

El recorrido concluye con sus obras tardías, donde el compás se convierte en emblema de un orden cósmico. En ellas, arte y ciencia se reconcilian en una visión que trasciende la materia. “La máscara protege, pero el compás guía”, afirma Patricia Molins en el catálogo.

Maruja Mallo: Máscara y compás revela la vigencia del pensamiento estético y político de la artista, desplegado en la inagotable diversidad de sus creaciones, que integran propuestas científicas, mitológicas y ecológicas con las que moldear un arte futuro. Su obra, plagada de referencias culturales, políticas y religiosas, constituye el imaginario más singular de la Generación del 27. Imágenes que, como ella misma señaló, recorren el camino “de la geografía a la cosmografía”.

La exposición reabre un diálogo con el presente. Su defensa del pensamiento libre, su fe en el trabajo como valor artístico y su intuición de que lo humano y lo natural forman un mismo ciclo resuenan hoy con una actualidad sorprendente. En tiempos de incertidumbre, Mallo sigue recordando que la verdadera modernidad no fue una moda, sino una forma de lucidez.

Datos útiles

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Edificio Sabatini, planta 1.

C/ Santa Isabel, 52, 28012 Madrid.

8 de octubre de 2025 – 16 de marzo de 2026.

Metro (L1 Atocha/Lavapiés) · Cercanías Renfe Atocha.

Entrada general 12 € (gratuita sábados desde las 19:00 y domingos desde las 13:30).

De lunes a sábado y festivos de 10:00 a 21:00 h. Domingo de 10:00 a 14:30 h. Martes cerrado.